Al llegar a la habitación, Jarek cerró la puerta con suavidad. Por un instante, el silencio reinó entre ellos. Las sombras danzaban por las paredes, y solo el tenue resplandor de la luna se filtraba por la ventana. Era una noche pesada… cargada de palabras no dichas, de heridas abiertas.
Jarek se acercó lentamente, como si temiera romper algo sagrado.
Sus manos buscaron el rostro de Elara y, con ternura reverente, lo acunó entre sus palmas.
La miró como quien contempla algo que ha perdido mil ve