Elara se giró lentamente para mirar a la mujer. Exhaló un suspiro, uno largo, profundo… como si aún dudara de lo que estaba por hacer.
Minah ya había terminado de hablar y de tejer su cruel trampa. Estaba ahí, sentada, con esa falsa calma que tanto la caracterizaba, como si todo lo que había sucedido entre ellas pudiera borrarse con una simple sonrisa o unas palabras bien elegidas.
Sus ojos brillaban con esa mirada melosa que aparentaba súplica, pero Elara ya no caía en sus juegos.
Con el tiempo