El aire en la estancia vibraba con la intensidad de un vínculo que se había mantenido dormido demasiado tiempo.
El beso entre Jarek y Elara no fue un simple contacto de labios, fue una descarga de electricidad salvaje, una chispa que incendió sus cuerpos y sus almas por igual.
Jarek la tenía entre sus brazos como si de un tesoro frágil se tratara, como si temiera que al soltarla se disolviera en el aire.
Sus manos recorrieron su espalda con reverencia, pero también con hambre.
Cada roce, cada re