Hester partió con su padre hacia la guerra.
El aire frío de la madrugada calaba en los huesos, y el cielo estaba teñido de un gris lúgubre, presagio de la sangre que pronto sería derramada.
Frente a ellos se extendían las tierras, que esos rebeldes habían tomado, negándose a respetar la ley y autoridad del Rey Alfa.
La tensión se respiraba en cada rincón, el ejército entero marchaba en silencio, como si todos comprendieran que no regresarían los mismos que habían partido.
Al quedarse a solas, H