La luna se alzaba alta en el cielo cuando Elara escuchó los pasos firmes de la jefa de sirvientas acercarse por el pasillo.
No hubo toque de puerta, ni cortesía.
La mujer entró con una expresión severa, dejando caer un uniforme sobre la cama con el desprecio de quien lanza basura.
—Vístete. Vas a servir en la fiesta del ejército Beta —anunció sin emoción.
Elara parpadeó, sorprendida.
Miró la tela gris oscura con encajes blancos, un delantal modesto, cuello cerrado y falda ajustada.
Una criada. U