La noche cubría el bosque con un manto espeso, como si la oscuridad misma quisiera tragar cada suspiro, cada aullido.
Pero no era la noche lo que amenazaba… era lo que venía detrás de ella.
Esla corría.
Sus patas rozaban la tierra húmeda con fuerza descomunal. Sus músculos ardían, pero no se detenía. No podía. No debía.
El bosque parecía interminable, pero no importaba. Ella seguiría corriendo hasta desangrarse si eso significaba mantenerse libre.
No iba a dejarse atrapar de nuevo. No iba a perm