Elara lo miró.
Con el corazón en ruinas, lo miró.
Jarek... el Alfa que alguna vez fue su todo. El mismo que juró protegerla incluso de sí mismo.
Y, sin embargo, ahí estaba, de pie frente a ella, como si todo lo que pasó no fuese nada, como si todo hubiese acabado.
Su mirada era un océano de culpa y confusión, pero para Elara, eso ya no bastaba.
—Tú... ¿Te arrepentiste de condenarme?
Su voz tembló, quebrada por cicatrices que aún sangraban por dentro.
No fue un reproche, fue una herida abierta q