Jarek escuchó el llamado, no solo él, todos los hombres lobo, lo escucharon.
Era una súplica urgente, un clamor hormonal, una orden. Era ella. Su compañera. Su destino.
Y estaba en celo. Lo necesitaba. A él. Solo a él.
El rugido que Severon lanzó a los cielos estremeció el bosque entero.
Sus soldados lo rodeaban, intentando razonar con él, pero él ya no estaba allí.
Su humanidad se diluía, su lobo tomaba el control absoluto.
Los lobos a su alrededor también perdieron el control al oler el celo,