Desde la ventana, Mónica vio al auto de Amaro entrar a la propiedad e ir hasta el garaje. Supuso que primero bajaría la niñera, que se escabulliría como la rata que era para no ser vista; luego saldría el compuesto y decente hombre de familia, como si nada hubiera pasado.
Como si no llevara una doble vida nauseabunda, nada menos que con la niñera de su hijo.
Y ella creyendo que el cretino era homosexual. Casi le daban ganas de reír.
Fue a la cocina y allí lo vio aparecer, todo polvoriento y