Mundo ficciónIniciar sesión"Obligada a mentir, destinada a sobrevivir." Tras una noche de excesos que dejó su memoria en blanco y el honor de su familia pendiendo de un hilo, Isabella no tiene más opción que reemplazar a su prima Alessia en un matrimonio arreglado con Benedict Arrabal, el infame heredero del clan Arrabal, conocido tanto por su frialdad luego de la muerte de su esposa embarazada, como por su peligroso encanto. Pronto descubre que la vida como esposa de Benedict es un laberinto de mentiras y amenazas constantes. Pero lo que más la aterra no es el hombre al que debe enfrentar, sino los secretos que comienzan a emerger sobre aquella noche fatídica. Suplantar a Alessia se convierte en una condena a convivir con un hombre capaz de destruirla... o salvarla. ¿Podrá Isabella mantenerse firme hasta encontrar su propio camino, o sucumbirá a la oscura atracción que Benedict despierta en ella?
Leer másEl cielo está despejado y la brisa del atardecer acaricia con suavidad el jardín del Belle Palace Resort, que vuelve a vestirse de celebración. Esta vez, los protagonistas son Megan y Esteban. La ceremonia es elegante, íntima, envuelta en tonos crema y rosados que se funden con la luz dorada del sol poniente. Todo parece salido de un sueño. Los invitados están de pie, atentos y emocionados.Bella, sentada en una silla decorada con encajes suaves, luce un vestido de maternidad que realza su barriga de casi nueve meses. Se ve radiante. Su rostro refleja tranquilidad y dulzura.Benedict no se aleja de ella. Está justo a su lado, tomándola de la mano. Sus ojos la escanean con preocupación amorosa cada vez que ella hace un gesto o se acomoda en la silla.—Estoy bien —le susurra Bella, llevándose una mano al vientre—. Solo estoy emocionada… y feliz.Él asiente, pero no deja de sostener su mano, atento.A pocos pasos de ellos, Gaspar conversa animadamente con sus hermanos. Hace meses, Bella l
Esteban no suelta la mano de Megan ni un segundo desde que termina la ceremonia. La emoción aún le brilla en los ojos, y aunque ha sido discreto todo el día, su corazón late como un tambor. La arrastra, literalmente, por uno de los pasillos del resort, mientras Megan protesta entre risas, sin comprender del todo.—¿A dónde me llevas? —pregunta, divertida, tratando de no tropezar con sus propios pasos.—A un lugar especial. Confía en mí.Cruzan una cortina de luces colgantes y entran a una terraza privada cubierta de pétalos de rosas. Todo está bañado por una suave luz dorada. El aroma de las rosas blancas y rojas flota en el aire, y hay música instrumental suave, apenas audible, acompañando el murmullo del mar. Megan se detiene, sin palabras, con la mirada perdida en ese rincón de ensueño.—Esteban…Él se gira hacia ella. Sus ojos reflejan ternura, nervios y amor. Da un paso hacia adelante, tomándola de ambas manos.—Desde que llegaste, arrasaste con todas mis certezas. Me enseñaste a
—¿Seguro que estás bien? —pregunta Esteban, ofreciendo su brazo a Bella mientras ambos se posicionan frente a la gran puerta de madera tallada.—Estoy bien, hermano —responde ella con una sonrisa suave. Su voz tiembla un poco, pero no de miedo, sino de emoción. El vendaje en su mano aún está fresco, el dolor sigue latente, pero en su corazón solo habita la paz. Por fin. Por fin, está en paz.—¿Lista para convertirte en la señora Arrabal?—Lista —susurra. Esteban sonríe con ternura y deja un beso en la frente de su hermana, que se ve más radiante que nunca.El murmullo leve que flota en el ambiente se desvanece en cuanto se abre la puerta principal y suena la marcha nupcial. El salón entero guarda silencio. Todos los invitados, de pie, observan cómo la novia cruza el umbral. Apenas una hora atrás, Bella estuvo al borde de la muerte. Ahora, vestida de dorado, brilla más que las luces que iluminan el camino hasta el altar.El vestido, ceñido a su figura, resplandece con cada paso. Rosalb
Bella cierra la puerta detrás de sí y apenas logra dar un paso antes de tambalearse. Sus piernas ceden por el cansancio, el dolor y la emoción. Cae de rodillas al suelo, pero no llega a tocar el piso por completo. Dos pares de manos la sostienen a tiempo: una desde su derecha, otra desde su izquierda.Jazmine está de un lado, Blas del otro. Ambos están heridos, sus ropas están manchadas y tienen el aliento entrecortado. La sala alrededor está devastada: muebles rotos, humo en las esquinas, un foco de fuego que crepita lentamente.Bella apenas puede sostenerse, pero se incorpora con ayuda. Da dos pasos vacilantes y se topa con el cuerpo inerte de una mujer. Va vestida igual que las estilistas. Tiene sangre saliéndole de la cabeza y permanece inconsciente.Bella no siente compasión por ella. No hay ni una chispa de remordimiento en su interior. Reconoce a la cómplice de Alessia y, para ella, merece el mismo destino. No puede permitirse flaquear. No ahora, luego de todo lo que sufrió en





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