EMELY.
Sentí un peso menos en el pecho. Forcé una sonrisa, aunque me costara la vida.
—No... no estamos unidas —susurré, apretando los dedos de Olivar—. Todavía somos... dos.
—¡Gracias a los ancestros! —exclamó Sebastian, tirando unos pergaminos sobre la mesa—. Esas son las mejores noticias que podíamos tener. Solo hay que sacar la daga con un cuidado de cirujano para no desgarrar nada, y en cuanto salga, tu loba tiene que tomar el mando y curarte desde adentro. El poder de una Gama es infinito