EMELY.
En la sala principal, el ambiente es desastroso. Selene camina de un lado a otro, golpeando el suelo con sus pasos nerviosos. Sus ojos están fijos en el gran ventanal que da hacia el claro donde el Círculo de Fuego ya empieza a arder.
—¡Sigo sin entenderlo! —estalla Selene, girándose hacia mí con el rostro desencajado por la furia—. ¡No debieron aceptar esto! Ese animal no merece un combate de honor. Deberían haberlo ejecutado en su celda y terminar con esto de una vez. ¿Por qué arriesga