EMELY.
—¡Basta, Emely! —rugió él, aunque su voz se quebró al final—. No me pidas que no sienta nada si te pierdo. No hubo error, solo hubo una Luna que ama a su gente. No te despidas, maldita sea. No te atrevas a dejarme solo con esta carga.
—No me siento mal por haber ido... —dije, luchando contra la negrura que me tiraba de los pies—, me siento mal por haberte fallado. Por dejar que Vargo nos ganara esta partida. Pero prométeme... prométeme que estarás bien.
Él no respondió con palabras, solo