EMELY.
El silencio que siguió a las palabras de Garino fue pesado. Olivar se tensó de inmediato, clavando una mirada gélida en su amigo. Magnus, por su parte, dejó escapar un suspiro ronco mientras terminaba de procesar la idea.
—Entonces usémosla —repitió Garino, cruzándose de brazos—. Si Vargo es su mate, tarde o temprano sentirá la necesidad de reclamarla. Es un instinto que ni siquiera un monstruo como él puede ignorar por mucho tiempo. Si la ponemos en un lugar vulnerable, él saldrá de su