UN NUEVO ALFA.
EMELY.
Estaba sentada al borde de una de las sillas de jardín, con la taza de té enfriándose en mis manos. A pocos metros, Aleria chapoteaba en la piscina, ajena a todo. Mi suegra, Selene, me observaba en silencio. Yo no podía dejar de pensar en lo que Olivar me había dicho anoche en la cama.
—Selene —solté sin mirarla—, anoche Olivar me explicó lo que pasa si él llega a faltar. Lo había leído en el libro de la manada, pero no pensé que fuera tan literal.
Selene dejó su taza y se acomodó en el