EMELY.
Subí a la habitación con las piernas pesadas, sintiendo que cada escalón me robaba un poco más del aire que me quedaba. Al llegar, la enfermera ya me esperaba con la nueva medicación intravenosa y un par de pastillas adicionales.
—Esto ayudará a relajar tu sistema cardiovascular, Emely —me dijo mientras administraba el fármaco.
En cuestión de minutos, el mundo empezó a dar vueltas. No era una relajación agradable; era un aturdimiento denso, una pesadez química que me hacía sentir como si