EMELY
Con el corazón martilleando contra mis costillas y el pequeño tubo de cuero apretado en mi mano, subí a la habitación lo más rápido que mi cuerpo me permitió. Mis piernas se sentían pesadas, pero la urgencia de leer sus palabras me daba el impulso necesario. Me dejé caer sobre la cama, sintiendo el aroma a bosque y nieve que todavía impregnaba las almohadas de Olivar, y con dedos temblorosos desenrollé el pergamino.
La caligrafía era firme, aunque se notaba el trazo rápido de quien escrib