EMELY
El sol de la tarde caía suavemente sobre el invernadero, un refugio de cristal y aroma a tierra mojada que se había convertido en mi único santuario. Después de la tormenta emocional que significó la visita de Selene, el silencio de las plantas era lo único que lograba acallar mis pensamientos. Ella se había marchado ayer, dejando tras de sí una estela de dudas, pero también la certeza de que yo no me quebraría tan fácilmente.
Me encontraba agachada, con cuidado de no presionar mi vientre