EMELY.
Sentía que me estaba secando por dentro. No era solo el dolor del acero en mis entrañas, era algo mucho peor; la obsidiana no bebía mi sangre, estaba devorando mi luz, aferrándose a mi alma como una raíz venenosa. Sentía que me marchitaba, segundo a segundo, como si esa piedra negra me estuviera robando lo que me hacía estar viva.
Y Kia... nunca la había sentido así. Mi loba, la que siempre era fuego y fuerza, estaba hecha un ovillo en un rincón de mi mente. Estaba asustada, Lloraba de p