EMELY.
Vargo se lanzó hacia mí como un rayo descontrolado. La electricidad que le robó a Olivar chispeaba en sus garras, dejando rastros de ozono en el aire. Esquivé su primer zarpazo con una agilidad que no era mía, era de la tierra misma fluyendo por mis piernas.
—¡Mírame, Emely! —rugió Vargo, lanzando un golpe que rozó mi hombro, quemando la tela de mi armadura—. ¡Siente el poder de tu Alfa Supremo en mis manos! ¡Él no pudo protegerte y ahora yo te voy a reclamar!
Me agaché, girando sobre mi