EMELY.
El rostro de Vargo cambió. La suficiencia se transformó en una duda gélida.
—Mis hijos están a salvo, lejos de tus garras —continué, desenvainando mis dagas con un movimiento fluido—. Lo que tienes frente a ti no es una madre vulnerable. Es la mujer que te va a mandar al infierno por haberte atrevido a amenazar a mi familia.
Vargo rugió, dándose cuenta de que su ventaja era una mentira, y se lanzó hacia mí con las garras extendidas.
—¿Cómo es posible? —soltó Vargo, con la voz quebrada po