EL PODER QUE ATACA EL ALMA.
EMELY.
—Es una posibilidad —asentí, sintiendo cómo Kia rascaba en mi mente, confirmando mis palabras—. Él sigue siendo peligroso y un lobo letal, pero esa omnipotencia que mostró se ha ido. Ahora estamos en igualdad de condiciones, al menos en lo que a magia se refiere.
Magnus dio un trago largo a su whisky, dejando que el silencio se apoderara del despacho por un instante. Olivar se separó del respaldo de mi silla y empezó a caminar de un lado a otro, con la frustración marcada en cada paso.
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