EMELY
Cuando llegué a la entrada de la cocina, me asomé con sigilo. Se había quitado la chaqueta y se había arremangado la camisa, revelando la fuerza de sus antebrazos. Verlo moverse por la cocina con esa elegancia depredadora, sacando los ingredientes con precisión, era algo hipnótico. El hombre que hace una hora me reclamaba con furia, ahora estaba concentrado en derretir chocolate con una delicadeza que me apretó el corazón.
Cuando llegué a la entrada de la cocina, me asomé con sigilo. Se h