OLIVAR.
—Te lo dije —susurró Emely, y su voz ahora tenía un matiz metálico, el eco de Kia reclamando su lugar—. Te dije que el peligro estaba aquí.
Me giré hacia Garino mientras sacaba mi propia arma y sentía a mi lobo rugir, listo para la carnicería.
—Lleva a Kasidy y a Sebastián al búnker del sótano. ¡Ahora! —le ordené—. Garino, diles a los hombres que no retrocedan. Voy a bajar para cortarle la cabeza a Malphas yo mismo.
—No vas a ir solo —dijo Emely. Su voz no admitía discusión. Se puso de