Sebastián
El mensaje encriptado en mi ordenador, con la foto de Isabella durmiendo, cortó la respiración. El último enemigo, el medio hermano de Doria (hijo de Volkov o Arturo, quizás), había atacado nuestro punto más vulnerable. La casa de la costa. El lugar que Aitana y yo habíamos considerado un santuario estaba comprometido.
—¡El jefe de seguridad, García! ¡Rápido! —grité, tecleando furiosamente para intentar rastrear el mensaje.
Aitana ya estaba en el teléfono, llamando a la línea de segur