Sebastián
La llamada de la abogada de Lina Durán no era una negociación; era un ultimátum envuelto en seda. Mi mente, entrenada para la crisis corporativa, se enfocó inmediatamente en la amenaza: la patente B5, el corazón de Belmonte Corp., y el destino de Aitana e Isabella.
Salimos del hospital después de asegurarnos de que Julián estaba estable y bajo protección policial. Estaba sedado, pero antes de caer dormido, me había mirado con una extraña mezcla de resentimiento y camaradería.
—Te salv