Aitana
El aire en el búnker se hizo irrespirable. La oscuridad era casi total, solo interrumpida por el tenue resplandor de mi teléfono. La voz áspera resonó en el silencio, cargada de resentimiento: "Soy Mario Durán. El padre de Aitana."
La palabra "padre" era un veneno que me paralizaba. No un hombre muerto y olvidado, sino un criminal liberado que había traicionado a la Corporación Belmonte y había sido entregado por Eliseo Ferrer.
—¡Mario Durán! —Julián gritó, con una mezcla de pánico y fas