Sebastián
Estar en la gala de la Fundación Belmonte era como estar en el ojo de un huracán perfectamente orquestado. El salón del hotel, lleno de inversionistas, rivales corporativos y prensa ávida de escándalos, era nuestro primer juicio público.
Yo estaba acostumbrado a la atención, pero esta noche era diferente. La atención estaba fija en ella: Aitana, mi esposa.
Aitana llevaba un vestido de noche color esmeralda, simple pero escandalosamente elegante, que abrazaba sus curvas y resaltaba el