Habían pasado tres días desde que Dakota había despertado. Alekos la contemplaba mientras dormía; aún debía hacer reposo.
Tal como había prometido —por más que ella le pidió que no viajara— su padre llegaría ese día. Dakota y Alekos habían decidido no comentar nada sobre el embarazo; no querían que Irina cargara con culpa alguna. El único que lo sabía era Christopher, y guardaría el secreto.
Alekos fue a buscar el desayuno y se lo llevó a la cama, despertándola con cuidado.Dakota se estiró, se sentó lentamente y le sonrió.
—Toma, te traje el desayuno —dijo él, acomodando la bandeja sobre la cama con delicadeza.—Eres un esposo maravilloso —respondió ella, tomándolo de la mano para atraerlo hacia sí.
Alekos se sentó a su lado.—¿Cuál es el plan para hoy? —preguntó Dakota.—En un rato iré al aeropuerto a buscar a papá. Después decidiremos qué vamos a hacer.—¿Todos juntos? —se sorprendió ella. Alekos siempre tomaba decisiones por su cuenta.—Todos juntos, como la familia que somos —respo