Las semanas pasaban y no había novedades de Dakota. Tal vez era una señal de que no debía seguir revolviendo todo.
Esa mañana, Alekos había ido de compras. Al día siguiente partiría rumbo a Grecia, más precisamente a Tesalónica, para celebrar el cumpleaños de su padre. Pero lo más importante era que su padre se retiraba y él asumiría como presidente del imperio empresarial Ravelli. A sus 32 años, había llegado el momento que tanto había esperado. Le había comprado un reloj a su padre y, ya que estaba, una gargantilla para Freya.
—Freya, ven por favor —llamó desde su oficina.
—¿Alekos, qué necesitas? —preguntó ella al ingresar.
—Como sabes, mañana iré a Grecia al cumpleaños de mi padre. También tomaré posesión formal de las empresas. Necesitaré algunos días para conocer bien a fondo la situación, y quiero que vengas conmigo. Necesitaré de tus servicios. Hay secretarias allá, pero me entiendo mejor contigo.
—Por supuesto, Alekos. Lo que digas. Prepararé todo.
—Toma, te compré esto. Es s