Dakota arreglaba sus cosas. Habían decidido regresar, pero no le dirían nada a nadie. Ya todo estaba preparado: llegarían justo para el cumpleaños de Alekos. Por su abuela sabía que él estaría ahí. Teresa se encargaría junto con María, en secreto, de preparar algo lindo, pero sencillo. Ella ya tenía su regalo de cumpleaños: llevaba tres meses guardando el secreto.
Todo estaba listo. Solo quedaba llamar a Xandro; necesitaba asegurarse de que Alekos no saliera de la ciudad, y él era el indicado para eso.Dakota tomó el teléfono y lo llamó.
—Xandro, soy Dakota. ¿Podés hablar?—Sí, por supuesto. ¿Ocurrió algo? —preguntó él.—¿El día del cumpleaños de Alekos, él estará en Tesalónica?—Sí. Por si no lo sabes, está en Londres; llega mañana.—Nosotras regresamos en tres días, y como sabes, es el primer cumpleaños que Irina pasará con su padre. Quiero asegurarme de que estará ahí.
—Yo me encargo de que esté aquí y las mandaré a buscar al aeropuerto. Su amigo estaría feliz. ¿Puedo ayudar en algo m