Xandro se encontraba dentro de una de las camionetas. Todo estaba listo. En diez minutos llegarían al lugar donde, según la información, se escondían el ruso y Freya. Esperaba poder atraparlos y entregarlos a la justicia.
Freya observaba al ruso. En cuanto él se durmiera, pensaba irse con el dinero que había conseguido vendiendo sus joyas. Aún conservaba el collar de esmeraldas que Alekos le había obsequiado, y aunque se negaba a venderlo, lo guardaría como inversión.
El ruso, finalmente, se durmió. Ella juntó sus cosas y estaba a punto de marcharse cuando escuchó un auto frenar. Decidió salir por el patio y esconderse.
Todo estaba preparado. Los hombres de Xandro descendieron de las camionetas; todos llevaban armas largas. La orden era clara: no disparar, a menos que no quedara otra opción.
Xandro observaba el monitor. Desde allí podía seguir cada segundo del operativo. Las cámaras servirían como prueba si algo salía mal.
Los hombres comenzaron a avanzar. El ruso escuchó el ruid