Freya sentía el aire cargado; estaba cansada de estar encerrada. Había recolectado algo de información, pero la detención de algunos de sus colaboradores y su acusación de terrorismo hicieron que los demás le dieran la espalda. Ya no tenía cómo acceder a más datos, y su actual aliado, el ruso, se estaba transformando en un auténtico fastidio. Debía deshacerse de él, ¿pero cómo?
Xandro ya había abordado el jet que lo llevaba a Londres. Se encontraba leyendo la copia del informe que había solicitado para Alekos. Penélope no era dueña ni siquiera de lo que llevaba puesto, porque todo lo compraba Charles a nombre de él. Seguramente eso enfurecería a Alekos. De buena fuente sabía la cantidad que Stavros le había entregado a su hija, la misma que también le entregó a Helena. Con lo ocurrido, Alekos había puesto sus ojos en Eliot: no permitiría que la historia se volviera a repetir.
Dejó el informe de Penélope y empezó con el de Freya. Se había descuidado demasiado, haciendo llamadas a a