El día amaneció hermoso; esa tarde, cuando el sol estuviera cayendo, sería el matrimonio. Luego del desayuno, las tres se fueron al Spa. Penélope se encontraba más animada que de costumbre.
En el Spa la pasaron muy bien: les dieron masajes, les pusieron unas mascarillas que les dejaron el cutis perfecto y se hicieron la manicura
Por la tarde regresaron a la Villa Ravelli. Esperaban en el jardín a los estilistas y maquilladores para que atendieran a la novia y a ellas dos, mientras veían los últimos retoques para la boda. Todo ya estaba listo.
Charlaban alegremente mientras preparaban a Helena. Penélope ya estaba lista; se había dejado el pelo suelto y un maquillaje suave. Decidió bajar a la sala para ver que todo estuviera en orden.
—Penélope, te ves hermosa —le dijo Xandro
—Gracias —respondió ella, algo incómoda.
—¿Has visto a mi hermano o a mi padre? —preguntó.
—Con el novio en la biblioteca, creo que le están dando la bienvenida a la familia —dijo Xandro con una sonrisa píca