Stavros los vio llegar, se veían tan felices juntos.
—Bienvenidos, te extrañé mucho, hija —dijo Stavros dándole un abrazo a Dakota.
—¿Queda claro quién es la preferida acá? —preguntó bromeando Helena.
Alekos suspiró. —¿Cómo has estado, papá?
—Muy bien, acabo de ver el informe de la bolsa —dijo con una sonrisa Stavros.
—No lo he visto, luego miraré, pero por tu cara adivino que las cosas están mejorando —dijo Alekos mientras tomaba asiento en uno de los sofás de la sala. En ese momento ingresó Hipólita con un jugo recién hecho para Dakota.
—¿Dónde está Irina? —preguntó Dakota, tomando el vaso.—Espero que sea de su agrado, seguí las indicaciones del señor Stavros —dijo Hipólita. Dakota agradeció.
—Irina duerme —respondió Elliot.
—¿Quiere que mande a desarmar las valijas? —preguntó Hipólita.
—No hace falta, Hipólita. No nos quedaremos aquí, nos quedaremos en el Penthouse y llevaremos a Irina —dijo Alekos. Dakota lo miró, estaba molesta.
—¿Se irán? —preguntó Stavros.
—Pensé que