Ni bien despertó Dakota, no supo dónde estaba. Le dolía el cuerpo, la cabeza… ¿cómo había llegado a la cama? Ni siquiera recordaba haberse cambiado de ropa. Vio la nota, el jugo y los analgésicos.
Llevé a Irina a buscar huesos de dinosaurios. Creí oportuno no molestarte.
PD: Te cambié, sí. Pero la necrofilia sigue sin estar en mi lista de hobbies, aún que la tentación fuera mucha.
Alekos.
Roja de la vergüenza, Dakota tomó los analgésicos. Sería un día largo. Se dio una ducha y decidió esperar a que regresaran. Si bien saber que se había llevado a Irina sin decirle nada no le agradaba, Alekos no sería tan idiota como para llevarse a su hija sin su consentimiento.
Pasaron dos horas hasta que escuchó la voz de Irina. Venía feliz: habían ido a buscar hadas, pasearon por el puerto, almorzaron pizza. Había sido un gran día.
Alekos notaba que Dakota no tenía buen aspecto. Tres horas después de regresar, los tres miraban una película infantil mientras comían helado. Sonó el teléfono de