La abuela Teresa llegó —dijo Dakota—. En cuanto el taxi se detuvo frente a la casa, ella salió corriendo a recibirla. La había extrañado tanto. Entraron juntas, Irina saltaba de alegría. Mientras merendaban, charlaban animadamente contando todos los detalles del viaje.
Irina jugaba con los regalos que le dio su abuelita como le decía con cariño. Mientras tanto, Dakota le contaba a su abuela todo lo que había pasado con Alekos.
—No lo sé, abuela. Tal vez debería casarme con Elliot —comentó Dakota.
—Sabes que adoro a Elliot, y cuántas veces te insistí... pero en este momento no sería una solución, sería como echarle gasolina al fuego.
—Por lo pronto, necesito un favor: que me acompañes a Italia —le dijo Dakota, contándole sobre la llamada que había recibido.
—Por suerte todavía no desarmé las valijas —comentó Teresa, y ambas rieron.
Irina irrumpió en la conversación anunciando que había llegado Alekos.
—¡Te he traído un regalo! —dijo Alekos. Era una colección completa de Barbie,