En la casa de campo Penélope vagaba en sus recuerdos, había empezado a caminar llevada por ellos y se había alejado tanto de la casa que parecía como si nada hubiera cambiado. Por una vez en muchos años no fue prudente y siguió a su corazón. Estaba tan distraída que no notaba al custodio que la seguía.
Christopher se había levantado temprano, se encontraba indeciso: necesitaba vender la propiedad para invertir con unos amigos en un proyecto turístico, pero su corazón le impedía deshacerse de ese lugar. Comenzó a caminar por el campo en compañía de Diablo, que corría alegre entre la maleza. Luego de andar un buen rato llegó al granero que tanto lo torturaba.
La edificación seguía ahí de pie, el lugar donde había vivido los momentos más felices de su vida y donde también lo había perdido todo. Decidió entrar al granero: ya no tenía una de sus puertas y en una de las paredes había un gran hueco. Entonces escuchó el gruñido de Diablo, salió afuera y ahí la vio, parada a unos cinco metro