Maelis.
No como la mujer que había enfrentado a Elena entre fuego y traición. No como la hija de Nyara. Sino como un eco. Su silueta translúcida flotaba entre los restos de una columna caída, el cabello suelto, los ojos cargados de un dolor que no había mostrado en vida.
Darek se quedó inmóvil.
—Maelis…
Ella lo miró. No con burla. No con odio. Con algo más… redención, quizás.
—Te están buscando, Darek —dijo, y su voz parecía llegar desde el fondo de un pozo sin fondo, como si cada palabra le co