La energía recorría el círculo como un suspiro antiguo, vibrando entre las manos unidas, levantando chispas de luz que flotaban sobre las cabezas de las brujas. El cántico seguía, cada vez más profundo, más grave, hasta que la voz de Ailén se alzó por encima del coro.
—¡El aquelarre despierta! ¡Pero no bastará con recordar! —gritó—. ¡Debemos actuar!
Fue entonces cuando Amadeo dio un paso dentro del círculo, rompiendo momentáneamente la conexión. Varias brujas se sobresaltaron, pero él no vaciló