La noche se cerró sobre ellos como una promesa rota.
El viento ya no cantaba. Susurraba.
Y no a ellos.
A pocos metros del claro donde Elena y Darek habían sellado su pacto, una figura agazapada entre las sombras observaba en silencio. No respiraba. No parpadeaba. Solo escuchaba… y sentía.
Era un ser del abismo, moldeado con restos de carne, humo y magia negra. No tenía nombre. Ni rostro. Solo una orden: vigilar, escuchar, y regresar con la informacion.
Cuando Elena y Darek unieron sus sangres,