La figura emergió por completo de la grieta, y la luz plateada del fuego de Lucía apenas tocaba los bordes de su forma.
Era alto. Más que Amadeo. Su cuerpo estaba envuelto en una capa hecha de plumas negras como la obsidiana, con runas antiguas grabadas a fuego en los bordes. No tenía alas visibles, pero la energía que lo rodeaba hacía que el aire temblara. Parecía que el mundo mismo retrocedía con cada paso que daba.
Su rostro era severo. Hermoso y cruel como una estatua antigua. Ojos de un gr