La tensión era irrespirable.
Amadeo se mantenía firme, de pie frente a ellos, pero su aura —siempre majestuosa, estable— vibraba con una inestabilidad inusual. Como si lo que estaba a punto de decir amenazara con romper su propia identidad.
Elena no lo dejaba de mirar, ni por un segundo.
Lucía, más pálida que de costumbre, había tomado distancia, pero su mirada era más afilada que nunca.
Y Darek… permanecía en silencio. Los puños apretados. El corazón latiéndole en la garganta.
—Entiendo q