—Traigo en mis manos una solicitud para la Señora de Dragones— El tono solemne de Jabari obligó a Tabar a escapar de sus cavilaciones. Ya tendría tiempo para averiguar acerca de aquella misteriosa Profeta que había invadido sus memorias. Sus ojos se clavaron en el rostro del guerrero, intrigado por saber quién se había atrevido a escribir una solicitud a su esposa.
Zarah se había sentado frente a un tocador que parecía desentonar en la tan meticulosamente decorada habitación del Señor de Drag