Munira encontró a Zarah sentada en el piso del baño. El rostro pálido, la frente cubierta de sudor, los labios temblorosos. La ayudó a levantarse con delicadeza y a caminar con pasos cortos hasta que ambas pudieron sentarse en el borde de la cama.
—Le advertí que esto era una mala idea, mi Señora.
—Si, lo sé ¿Podemos saltarnos la parte donde me regañas?—Zarah intentó dar un tono de diversión a sus palabras pero su fachada se calló cuando tuvo que esforzarse por contener una arcada. Las parede