Luego de aquel desayuno Irina regresó a su habitación, ajustó la puerta y lo primero que hizo fue ir al baño, vómito todo lo que más pudo, luego de haber escuchado aquella tétrica historia de las difuntas esposas de Andrei hasta el músculo más pequeño de su cuerpo se había atrofiado.
«¡Demonios!, necesito salir de este lugar lo más antes posible, antes de que mi destino sea similar al de aquellas mujeres; tenía la esperanza de que iba a ser rescatada a manos de Dmitriy, pero ya ha pasado un la