Capítulo: Él está aquí.
—La fortuna de Camely no te pertenece y no tocarás ni un solo centavo —sentenció Zacarías con una frialdad que cortaba la piel—. Y ahora largo de aquí. No quiero volver a verlos.
El aire en la habitación se volvió espeso, casi irrespirable. Romina abrió la boca, temblorosa, como si quisiera decir algo más, como si aún creyera que podía manipular la situación. Pero Zacarías ya no la miraba. Sus ojos estaban fijos en un punto invisible, endurecidos por el dolor, por el duelo que se negaba a ceder.