Al salir de la celda, la silueta de Álvaro Delmar estaba ahí.
Al verlo, el corazón de Avana dio un vuelco que le devolvió el alma al cuerpo.
Agustín Miles, que salía tras ella con el rostro desencajado por la derrota.
Álvaro acortó la distancia con zancadas poderosas. Sin decir una palabra, la atrapó en sus brazos, envolviéndola. Avana se hundió en su pecho, soltando un suspiro que rompió el último hilo de su angustia.
—Estás a salvo, y libre —susurró Álvaro.
Álvaro levantó la vista, y sus ojos