Pronto, Zacarías lo supo.
La noticia le llegó como un golpe seco al pecho, uno de esos que no te dejan respirar de inmediato.
Su madre había sido detenida.
No hubo gritos ni celebraciones. Solo un silencio denso, incómodo, que se instaló entre todos mientras regresaban a casa. El trayecto fue rápido, pero eterno. Zacarías no dejaba de pensar en su padre, en si ese nuevo impacto podría afectarlo, en si su frágil recuperación resistiría otra sacudida emocional.
Apenas cruzaron la puerta, Zacarías