59. La encrucijada.
La Encrucijada.
Automáticamente le di la espalda. No podía arriesgarme a que me reconociera, no podía arriesgarme a que viera mi rostro y supiera que estaba ahí. No podía creer que ese hombre estuviera haciendo eso. ¿Por qué lo estaba haciendo? Definitivamente era algo que beneficiaba a la Cofradía hasta cierto punto, pero también perjudicaba las acciones que él mismo podía llegar a tener en Valdés Pharma.
No podía responderla en ese momento, muchísimo menos si me atrapaba. Así que lo que hice